26 dic. 2011

Utopía Enamorada

Parte I
 

Cuenta la historia que en tiempos ancestrales dos jóvenes guerreros tuvieron la fortuna de luchar juntos por sus ideales. La paz y la justicia eran sus motores de vida, sin embargo, fue el abrupto camino a ello, lo que hizo renacer en aquellas dos almas errantes, el más grande trofeo.
Elías, solía hacer de  su existencia una sofisticada fiesta, el buen vino y la carne digerible eran limitaciones terrenales que él entendía, pese a ello, sabía que existía algo más. No obstante, su visión aún estaba condicionada.
Milagros, profanaba ideologías de hombres y mujeres . Jugaba tal niña perdida en el bosque, queriendo ser encontrada por el lobo, más nunca, devorada. Ella presentía que  la abuelita la salvaría ‘algún día’, sin embargo, el pasar de los años la hicieron percatarse que la abuelita y el lobo eran ella misma, y que por ende su única salvación sería su YO
La jovialidad de la vida era un paradigma de ambos,  hacer de sus trayectos momentos agradables era común. Lo curioso era trascender, ser perennes e inmortalizar los encuentros, dichos sean de paso,  los conocían  sólo por teorías, viejas líneas trazadas por sus maestros: el sol y la luna.
Tiritantes  con su destino, y aún sin encontrarles lógica a sus fines, su meta la vislumbraban, ser grandes  se les avecinaba.  Si embargo,  el brillo perdía su luz y la calidez de sus almas seguían inertes. Algo faltaba,  una chispa, un destello… ese algo que también sólo en teoría habrían  oírlo hablar…
Las noches cobraban vida, el cielo era testigo de la humanidad y el aire dormitaba en aquellos bellos cuerpos. Mientras Milagros viajaba en su historia para recordar  quién fuese en sus  otras vidas. Elías se volvía maestro de la tradición del sol, a base de experiencias y de la naturaleza que lo rodeaba.
El momento ya se iba suscitando, ambos aprendían de la vida, de los garrafales equívocos que estos demandaban. Y aún así, mantenían la fe. Aquella virtud que en muy pocos cohabita.
Los cánticos se pronunciaban, las esferas se fusionaban, eran las aves  y los peces, criaturas de dos mundos distintos los únicos que comprenderían la fusión que se estaba próxima a realizar….

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